viernes, 22 de octubre de 2010

Waiting...




Aqui estás,
sabes que es ínfima la posiblidad,
de que la persona que esperas,
atraviese la puerta,
y aun así,
eres incapaz de apartar la mirada de ella...

viernes, 8 de octubre de 2010

Erase una vez...

Erase una vez una princesa que quería elegir un pretendiente para que fuera su marido, alguien que fuera digno de ella, que la ame verdaderamente.
Entonces, expuso su única condición, elegiría entre todos aquellos que fueran capaces de permanecer al lado del muro del castillo donde ella vivía durante 365 días y 365 noches, sin separarse ni un momento de aquel muro. Se presentaron miles de personas, todos ellos posibles pretendientes a la corona real, pero claro, a la primera helada, la mitad se fueron a sus hogares, cuando empezaron los bochornos del verano, se fueron la mitad de la otra mitad restante, cuando empezaron a desgastarse los cojines y empezaron los dolores, sin descontar el agotamiento de las provisiones para comer, se fueron la mitad de la mitad de la mitad, y finalmente, había llegado Septiembre y solo quedaba un pequeño muchacho allí al lado del muro, finalmente todos se habían marchado salvo el, aburridos, cansados… solamente ese joven, que había adorado a la princesa desde siempre estaba allí. Anclado a esa pared, ese gran muro, esperando pacientemente que pasarán de una vez por todas los 365 días.
La princesa, que había despreciado a todos, cuando vió que este muchacho a pesar de todo se quedaba y se quedaba, empezó a mirarle con unos ojos pensando, este hombre quizás me quiera de verdad, lo había espiado en Octubre, había pasado frente a el en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina, le llevó algo de agua y comida para que repusiera fuerzas, le había mirado a los ojos, y se había dado cuenta de su mirada sincera.
Así que, finalmente le dijo a su padre, “papa, creo que finalmente ya encontré a mi príncipe, ese muchacho que esta fuera, realmente me quiere” , el rey se puso realmente contento y había empezado a preparar todas las cosas para la boda y le había hecho saber al joven muchacho a través de una guardia, que el 1 de enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.
Todo estaba armado, todo el pueblo esperaba ansiosamente el primer día de Enero.
El 31 de Diciembre, tras 365 días y 364 noches, el joven muchacho se levantó del muro, y se fue, no pudo quedarse a cumplir esa última noche que le separaba de su princesa. Se fue a su casa directamente, y vio a su madre. La madre le dijo: “Hijo, querías tanto a la princesa, pasaste tanto tiempo esperando este momento, ¿porque te levantaste ahora después de todo?
El muchacho le respondió: “¿Sabes que madre?, me enteré de que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo, y a pesar de eso, ¿No fue capaz de evitarme una sola noche de dolor? Pudiendo hacerlo…¿No fue capaz de quitarme una noche de sufrimiento? Alguien que no es capaz de quitarte una noche de sufrimiento…no merece de mi amor, ¿Verdad mama?

lunes, 4 de octubre de 2010

Escrito desconocido

Por pedir, pido veinticuatro horas a tu lado en las que nos dé tiempo a todo menos a perder el tiempo. Por pedir, pido que me baste ese día para convencerte de querer estar conmigo para el resto de tus días. Por pedir, pido y preciso que exista un preciso momento, en el que se te escape un beso cuando menos te lo esperes, y cuando más lo lleve esperando yo. Por pedir, te pido en una tarde lluviosa, dentro de una casa sin gente, sobre un sofá sin cojines (para que sólo puedas abrazarte a mí), enfrente de mi película favorita… Bueno, si quieres enfrente de tu película favorita… bajo una manta que haga de telón tras el que actúen nuestras manos; marionetas manejadas por los verdaderos sentimientos. Me pido entonces tus dedos acariciando mi brazo, y mis cosquillas jugando al escondite con ellos.
Por pedir, pido dar un paseo al mismo paso, frenarnos en seco de repente, y mojarnos los labios sin que nos vea la gente. Pido, mientras caminamos por cualquier calle, llevarte y traerte al contarte cualquier estupidez, agarrando con mi mano tu brazo, como si de un acordeón te tratases, y tu risa fuese la mejor de mis melodías. Por pedir, pido pararnos unos segundos ante cualquier escaparate, continuar andando, y que, momentos después, me preguntes cuánto costaba ésta o aquella cosa. Entonces me pido contestarte que no lo sé, que no me fijé, porque lo único que he sido capaz de ver en el cristal ha sido tu imagen reflejada, y aquello… no tenía precio.
Por pedir, pido que me acompañes hasta el andén en el que días más tarde me estés esperando, y que mientras llega el autobús me mires con ojos tristes a la cara, aproveches mi distracción para agarrar fuerte con tus dos manos mi mano, en un intento por no dejarme ir, y me hagas perder todo menos la sonrisa. Por pedir, pido un café caliente mientras espero al siguiente autobús, colocar las manos alrededor de la taza, apretando con todas mis fuerzas para captar el calor, y que tú, de un plumazo, con un movimiento rápido, de esos que no dejan tiempo para invertir en especulaciones, me eleves la temperatura de todo el cuerpo.
Por pedir, pediría siete mil peticiones más, alargaría la lista hasta quedarme sin papel, y lo reciclaría para seguir pidiendo; para seguir pidiéndote… pero no me queda más remedio que impedirme continuar, que pedirme no continuar… Paro y reparo mi lista…

Por pedir, me pido sorprenderte… que te dejes sorprender… que te guste que te sorprenda… ¿y tú?... ¿qué pides tú?